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Alimentos transgénicos

Posted on 30 enero, 2017 in Salud

La mejora genética de los alimentos no es un invento nuevo. Desde hace miles de años, el hombre ha ido seleccionando las mejores variedades y especies para el consumo humano a través de la utilización de las semillas que daban mejores frutos o el cruce de los animales más robustos. Hoy en día podemos encontrar productos en otro tipo de formatos como los cereales en harina o la proteína en polvo. Pero actualmente, la ciencia ha descubierto métodos de selección mucho más avanzados, que incluyen la ingeniería genética: ahora se pueden incorporar a un tomate genes procedentes de otras especies, vegetales o no, que lo hacen más rojo, nutritivo, resistente a ciertas plagas o de mayor duración. Así, en los años 70 nacieron los denominados alimentos transgénicos, que se definen como productos o ingredientes obtenidos a partir de cualquier organismo modificado genéticamente para mejorar sus características o añadirle otras nuevas. Esto permite también mejorar cualidades nutritivas, y ampliar la producción, independientemente de las condiciones climáticas o el tipo de terreno. Los productos, así, se abaratan y llegan a todo el mundo.

 

Pero pese a las mejoras conseguidas, los consumidores no dejan de preguntarse si consumir alimentos modificados genéticamente es seguro para su salud o para el medioambiente. Según un estudio de Carolina Torre, bióloga y experta en nutrición de la Universidad Autónoma de Madrid, múltiples estudios ponen de manifiesto la inocuidad en la calidad nutricional y el medio natural.

 

Este tipo de alimentos, apunta Torre, pasan controles que son mucho más exigentes que los demás y donde se analizan toxinas, antinutrientes y nutrientes, de manera que, si no igualan o superan a los alimentos originales, no son aprobados por la Unión Europea. Incluso son más seguros que los tradicionales, gracias a estos exámenes exhaustivos.

 

Otro argumento en contra de los transgénicos es su posible repercusión en la resistencia a los antibióticos. Si nos referimos al impacto ecológico de los transgénicos, continúa Carolina Torre, “es similar o menor al de cualquier otra práctica agrícola”, ya que gracias a la manipulación genética de los alimentos se ha conseguido reducir el uso de plaguicidas, y las posibilidades de que plantas mutadas se crucen con especies silvestres e invadan un territorio es la misma que de ocurrir con cultivos tradicionales. Además, las normas obligan a establecer un perímetro de seguridad en torno a las explotaciones transgénicas para evitarlo.

 

En resumen, los transgénicos no son “antinaturales” porque no se modifican sus características originales, sólo se le añaden nuevas. Lo natural no es sinónimo tampoco de más seguro, y lo transgénico no es perjudicial para la salud, asegura Carolina Torre.